Fotos: JACINTO SÁNCHEZ
Ayer, a las diez y treinta y cinco minutos de la noche, Antonio Ferrera lograba el indulto para el toro Esparraguero II, número 15, de José Luis Iniesta, en la plaza de toros de Herrera del Duque. La alegría se adueñó de toda la plaza cuando el presidente sacó el pañuelo naranja. Pero pocos podían imaginar que sería una hora y cinco minutos después cuando el toro, finalmente, regresaría a los corrales.
En ese transcurso de tiempo se intentó devolver al toro por distintos medios: con los cabestros, a continuación Antonio Ferrera lo intentaba tímidamente con la muleta, los banderilleros con capotes a través del callejón, y finalmente -casi fatalmente en realidad- atando una cuerda al cuello del animal, con el resultado del derrumbe agónico del toro, que parecía haber muerto en la misma puerta de toriles. Sin embargo no fue así: tras un masaje y la aplicación de chorros de agua, el de Iniesta se recuperó y terminó entrando en los corrales siendo empujado, literalmente, por operarios de la plaza de Herrera del Duque.
Una odisea.
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