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La Puerta del Príncipe, broche de oro a la carrera de un maestro

Fue una tarde repleta de sensaciones desde que arrancó el paseíllo, pero el momento histórico se produjo cuando Manzanares, después de no encontrar posibilidades de lucimiento en ninguno de sus dos astados, salió al tercio e hizo una señal a su hijo para que saliera y le cortara la coleta. Manzanares hijo, visiblemente emocionado, salió al albero con la tijera en la mano y cortó, con las lagrimas recorriéndole el rostro, la coleta de su progenitor. La vuelta al ruedo del matador ya retirado fue de las que hacen historia. Manzanares vistió esta última tarde un terno teja y oro. Su último toro fue Clarinete, nº191, tostado chorreado con un peso de 521 kilos, perteneciente a la ganadería de Alcurrucén.

Cartel de “No hay billetes” en la Real Maestranza de Sevilla, pues se presentaba Cayetano Rivera Ordoñez en corrida mixta junto al rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza y el maestro Manzanares. Victor García-Rayo escribía en Aplausos: “Hermoso de Mendoza sorteó dos toros parados de Bohórquez. Tampoco sus caballos llegaron al límite de costumbre y fue silenciada su labor en el primero y ovacionado en el cuarto. Los toros de Alcurrucén no le sirvieron al maestro, siendo despedido sus dos faenas con división de opiniones, la cual se convirtió en una apoteósica vuelta al ruedo al cortarle su hijo la coleta. Sin embargo, dos novillos idóneos de Zalduendo, de esos bonitos por castigo, embistieron como si lo supieran. Nobleza en ambos. Y Cayetano pegó pases, sí. Y algunos fueron muy buenos. Sí. Y se ocupó de andar despacio, de templar, de mostrarse seguro, toreando bonito sin perder la compostura. Superó el examen con notable cortando una oreja a cada uno de sus oponentes siendo paseado a hombros tras finalizar su actuación.

Al finalizar el festejo, una cascada de toreros de oro y plata –Espartaco, Ponce, Morante, Padilla, Rivera, El Cid, Antonio Barrera, Manzanares hijo…- irrumpieron en el ruedo para llevarse con justicia por la Puerta del Príncipe a José María Manzanares".

Al respecto de la apoteósica salida, nuestro director José Luis Benlloch escribía: “Y cosas de toreros fue la salida a hombros del maestro Manzanares por la Puerta del Príncipe, por encima de la norma, lejos de la tradición, porque si, porque lo decidieron los toreros, porque sumaron años y glorias, sumaron cariños personales y salió mucho más que esas tres orejas que describe fríamente el reglamento. Algunos se han rajado las vestiduras, en APLAUSOS también hemos sumado satisfacciones y recuerdos y también nos salen las cuentas. Nos sumamos a esa Puerta del Príncipe, claro que sí. Sólo nos queda la pena de los barullos de entrebarreras, eso no es así, eso debe quedar para la intimidad, y nos queda la pena de la gran faena del adiós. Servidor no pierde la esperanza”.

Cerraba así su exitosa carrera a los 51 años de edad, con treinta y cinco años de alternativa, y treinta y una temporada en activo. Sevilla, Madrid, Alicante, Valencia y Ronda, sus plazas.

Manzanares hijo fue el encargado de cortarle la coleta a su padre aquel 1 de mayo de 2006 en Sevilla, su plaza.

Con motivo de la muerte del maestro el día 28 de octubre de 2014, el número 1936 de este semanario, fue íntegramente dedicado al gran maestro alicantino (PINCHE EL ENLACE). Nuestro director José Luis Benlloch, gran amigo del diestro de Alicante, dedicó La Pincelada a su figura:

"Nacido en Alicante en 1953, el maestro formó parte del hilo conductor de los grandes clásicos de la época, Ordóñez, Camino y Manzanares. Hijo de un banderillero de escaso relieve, Pepe Manzanares, que supo transmitirle una cuidada educación taurina, Josemari emergió en los ruedos con la aureola de los grandes toreros cuando apenas era un quinceañero. Lo tenía todo, una hechura física proporcionada, gusto en los ademanes, elegancia en el ruedo, una gran técnica cuyas aristas disimulaba con sus golpes de inspiración, un carácter apasionado, con su pizca de bohemia que añadía interés a su figura pública y le acercaba a las grandes leyendas del romanticismo, y además era dueño de un valor, mucho más valor del que se le reconocía, que le permitió tutearse con una generación que por aquel entonces se resistía abandonar los ruedos, la de los Camino, Palomo, Viti y Miguelín, entre otros, y competir bajo el cartel de torero de arte con otros de su generación de indómita bravura, como Paquirri, Dámaso o Niño de la Capea, con los que formó una promoción de gran nivel.

Su trayectoria fue tan larga como brillante, lo que le corresponde a los grandes clásicos. Fue un becerrista al que todos equiparaban en cuanto le veían con un matador de toros dada su sabiduría y su saber estar en la plaza. Recorrió rápidamente España siendo un adolescente con el cartel de novillero prodigio. Luego vino la alternativa de manos de Luis Miguel Dominguín, bajo la atenta mirada de El Viti el día de San Juan de 1971 en su Alicante natal. Todo seguido llegaron los años de plenitud, los tiempos de dudas, el peso de la crítica… la dureza de Madrid donde mezcló desencuentros con tardes imborrables como la del toro Clarín en 1978 y Fulanillo en 1993, ambos de Manolo González. Además, forjó el romance con su Sevilla, quedando en el recuerdo la faena al toro Perezoso de Torrestrella en el año 1985, que inspiró las bulerías de su amigo El Turronero 'olé tu mare, olé tu mare, qué despacito torea Josemari Manzanares, olé tu mare, olé tu mare…'. Y queda la despedida por la Puerta del Príncipe que se le había resistido y acabaron descerrajando los propios toreros el día de su adiós definitivo en 2006 para sacarle en volandas como resumen de un amor imperecedero”.

El toreo de Manzanares resume los fundamentos del toreo clásico aliñados por una personalidad singular que le da un espacio propio en los tratados de tauromaquia. Fue un torero poderoso desde la elegancia, capaz en la exigencia y un tanto dependiente de su real gana”.

Por su concepto artístico cabría pensar que José María Manzanares estaba por encima de las estadísticas, pero a pesar de todo, repasando sus datos se deja constancia de que estamos ante uno de los toreros más importantes de la historia. Es el diestro que más paseíllos realizó en el siglo XX con más de 1.700 corridas, y uno de los que más ha toreado de siempre, con 1.839 festejos en total. Registros sólo al alcance de los elegidos.

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La Puerta del Príncipe, broche de oro a la carrera de un maestro

Alfonso Ávila

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