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La reconciliación

Perera ha vuelto a dar su auténtica dimensión de torero grande con capote, muleta y espada. La seriedad, profundidad y verdad de su toreo, incluso con un punto más de poso y solera, ha vuelto a convertir al torero de Puebla del Prior en uno de los más sólidos favoritos del exigente público venteño.

La Plaza de Toros de Las Ventas se ha reconciliado esta tarde con Miguel Ángel Perera, que ha vuelto a dar su auténtica dimensión de torero grande con capote, muleta y espada. La seriedad, profundidad y verdad de su toreo, incluso con un punto más de poso y solera, ha vuelto a convertir al torero de Puebla del Prior en uno de los más sólidos favoritos del exigente público venteño. Ya en su primero, con el que ha sido imposible redondear faena, el extremeño ha gozado del respetuoso y sobrecogedor silencio de la plaza de la Calle de Alcalá, pero la apoteosis ha llegado en el cuarto con una faena de tremenda sinceridad, basada en un valor seco y sin alharacas y un toreo personal “made in Perera” que ha calado hondo en los tendidos.

Tras el rotundo estoconazo ejecutado a ley, le ha venido a las manos una oreja de oro. Una de esas orejas que valen por dos, y deben hacerle a Miguel Ángel sentirse orgulloso de que en su tarjeta de visita ponga debajo de su nombre “matador de toros”. La ovación de despedida ha sido la rúbrica adecuada a su magnífica tarde.

También López Simón ha estado a punto de volver a rozar la gloria del “níhil óbstat” del público madrileño, a veces tan voluble con los que él mismo ha encumbrado. Pero pese a que a sus dos toros les han faltado los finales adecuados para el triunfo, la afición del foro ha firmado con el de Barajas una “entente cordiale” que le resitúa en el interés de la misma.

Y Roca Rey, también de “morritos” con los sabios del toreo de la Monumental de Las Ventas, ha logrado desarrugar el entrecejo de quienes tanto le están aquilatando, y a punto ha estado de saldar su San Isidro con un triunfo redondo de haberle ayudado un poco más su lote. No obstante, el peruano continúa con un amplio crédito abierto, en ese “sanedrín” cuyo fielato hay que pasar con nota para ser figura cumbre del toreo.

Buena tarde de toros, la de hoy, gracias a que los pupilos de Victoriano del Río, bien presentados y con sobrado trapío, han demostrado, unos más y otros menos, bravura, casta, fuerza, movilidad y duración. Y es que, no debemos cansarnos de repetirlo, conviene tener muy presente que la Fiesta se llama de Los Toros por algo.

Nota bene. - Una de las cumbres de la tarde ha sido la actuación del picador Tito Sandoval. Para que conste.

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Paco Mora

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Paco Mora

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