Su actuación en la última Aste Nagusia es uno de los acontecimientos de la temporada. La dimensión y el fondo, la heroicidad y la épica, la hondura y la naturalidad, el corazón y el carácter mostrados por Diego Urdiales con los albaserradas de Victorino en la oscura arena vizcaína volvieron a poner en candelero a un torero diferente. Diferente y necesario.
- “Cada tarde que salgo a la plaza mi meta es volver al hotel y que no me haya quedado nada dentro. Siempre he confiado en mí”
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