A partir de ahora, pase lo que pase y si pasa mejor, el ministro Wert debe ser entronizado en el santoral taurino como el primer hombre que alzó la bandera de los toros en el parlamento español con el mérito añadido, el matiz le da relieve a su postura de no ser especialmente aficionado, lo que supone que ha llegado a la conclusión desde el razonamiento. La frase que define su objetivo es definitiva, poner en valor el toreo, en realidad sacar a la luz, resaltar y lustrar los méritos y virtudes de una disciplina que otros han ocultado, menguado, matizado o bastardeado y si lo han hecho es porque existía, nada hay que inventar, basta con resaltar la realidad. Sólo el valor -santa palabra en tauromaquia- de intentarlo merece el reconocimiento ¡todos en pie!, desde ya Wert es algo así como el G-1, la mano y la voz salvadora, el tipo que no tuvo vergüenza en decir que el toreo es de este tiempo y del que viene donde había que decirlo.
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