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La única Quinta buena es la de Beethoven

¡Qué dura es la Fiesta! Sobre todo, para los que no han saboreado todavía las mieles del triunfo y tampoco le han visto nunca el color al dinero. Solo con anunciarse en una corrida así, como han hecho Aguilar, Galván y Jiménez, hace falta tener más cojones que el caballo del Espartero.

En la Fiesta de los Toros, la más española por antonomasia, se ha cumplido a rajatabla en la primera de San Isidro de Madrid aquello de “al rico más dinero y al pobre más trabajo”. Lo de “no hay quinto malo” no se refería a las corridas sino a los “quintos” que mandaban a la Guerra de África. Aunque hay que reconocer que de los toros de La Quinta lidiados esta tarde en Las Ventas, el único que ha ofrecido alguna posibilidad de lucimiento ha sido el quinto por el lado izquierdo. Sin amontonarse tanto, el rubicundo Jiménez, con veinte muletazos por ese pitón y un estoconazo, podría haber trocado pelo. Pero tanto el de Espartinas como el madrileño Aguilar han practicado con fe el “no matarás” del quinto mandamiento.

Y ya que de Quinta vamos, a la vista del comportamiento en general de la corrida uno sigue prefiriendo la Quinta de Beethoven. La sinfonía digo. Los partidarios del toro grande, ande o no ande, se habrán percatado hoy de que los toreros pueden sufrir lo que se llama “una tarde de perros” sin necesidad de toros zancudos y con más de seiscientos kilos. Basta con que tengan la “mala milk” que tenían los vareados, más bien bajitos y algunos con menos de la media tonelada, de este inicio del serial isidril.

Toros así, con los que el triunfo es imposible, han salido siempre y seguirán saliendo, pero deberían estar más repartidos. Que no sean solo los que más necesitan el empujón de Madrid para seguir toreando los que pasen las “ducas”. ¡Qué dura es la Fiesta! Sobre todo, para los que no han saboreado todavía las mieles del triunfo y tampoco le han visto nunca el color al dinero. Solo con anunciarse en una corrida así, como han hecho Aguilar, Galván y Jiménez, hace falta tener más cojones que el caballo del Espartero. Y Galván lo ha pagado caro. Porque su cogida no habrá tenido consecuencias graves para su salud, pero ha frenado su carrera por un tiempo a comienzos de temporada.

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La única Quinta buena es la de Beethoven

Paco Mora

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