Solo se salvó, y a costa de un arrimón al hilo de las tablas, el valiente y solido Jiménez Fortes. Las aspiraciones de triunfo del mexicano Silveti, de la cuarta genera...
Sólo se salvó, y a costa de un arrimón al hilo de las tablas, el valiente y sólido Jiménez Fortes. Las aspiraciones de triunfo del mexicano Silveti, de la cuarta generación del "Tigre de Guanajuato", aquel célebre león del toreo azteca, que venía del otro lado del Atlántico en olor de multitudes con un rabo de Insurgentes en el esportón, se estrellaron contra el muro de la falta de bravura, casta y clase de los valdefresnos que evidentemente han tenido tiempos mejores. El galo Dufau, torero sereno y de precoz técnica taurina, no pudo mostrar el buen torero que lleva dentro por la misma causa. Solamente Jiménez Fortes se lió la manta a la cabeza y obligó a los asistentes -no muchos, la verdad- a poner atención al futuro que se le adivina, a juzgar por su buena disposición y corte clásico de torero macho. En el último se empeñó en sacar agua de un pozo vacío y vive Dios que a punto estuvo de conseguirlo, con un poco más que le hubiera ayudado el morlaco y la espada hubiera viajado con mayor diligencia hacia el hoyo de las agujas.
De todos modos, no fueron los toreros quienes fracasaron sino los toros, que pasaron toda la tarde añorando el calor del cortijo de su divisa. Una ganadería más que lleva varios años naufragando, con intermitencias cada día más escasas.
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