El toreo, como casi todo en este país, y me temo que en todo el mundo occidental, necesita una regeneración en su fondo y en su forma. En los que podríamos llamar “los años bárbaros”, hemos pensado sólo en amasar dinero renunciando a casi todo, pero particularmente a guardar las formas, al buen estilo, al respeto y a la educación. Todo valía. Y todo valdrá hasta que nos resignemos a aceptar que esto no es una crisis sino un cambio de sistema, y que deberemos adaptarnos a patrones de vida distintos a los que estamos acostumbrados.
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