Papel acabado por vez primera en la feria. ¡Y sin Morante! Paseíllo solemne, ovación de reconocimiento, vamos al tercio, el toreo a sus pies, ojos vidriosos, el peso de la púrpura sobre la montera… Y resistió, resistió. Resistió y ganó. Manzanares se reafirmó en Sevilla. Por si alguien pensó que lo suyo era casualidad o le iba a poder la presión o se iba a conformar. La ambición es también cualidad que debe acompañar a las grandes figuras. Así que prueba superada. Con una tarde gloriosa, la suya, marcándole el nivel dio la talla sin achicarse. No hubo decepción. Más aún, queda la sensación de que pese a todo lo hecho y todo lo dicho, no ha tocado techo. Ahora navega camino de Madrid. Otro reto. Nunca nada en el toreo está logrado, nunca se puede cantar victoria, no hay éxito más inmediato ni más envolvente que el del toreo pero tampoco olvido más inmediato que el del toreo y ahí está el triunfo de Juli en Sevilla, una Puerta del Príncipe de ley, cuyo resplandor duró apenas veinticuatro horas. No es justo pero es ley. Lección aprendida. Tomen nota el uno y el otro y los que no la abrieron. La vorágine del éxito es insaciable.
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La vorágine insaciable del éxito
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