Mientras aquí, en la vieja Iberia, se intenta arreglar el futuro y remozar el caserío, que sigue haciendo agua por muchas partes, América es un bálsamo y una bocanada de oxígeno para el solaz y el ego de nuestros toreros. Hasta Ruiz Manuel, abandonado en su tierra, encuentra calor en la tibia América. Pero hay datos buenos sobre toreros que emergen y vuelven donde solían. Es el caso de dos valientes como Castella y Perera, que da la sensación de que todavía les queda cuerda, valor y ambición para afrontar un año más en esas cercanías que han convertido en territorio propio. Cayetano se encuentra también consigo mismo y Talavante va puntuando; y El Fandi, al que le podrán discutir la calidad pero no ese motor de Fórmula 1 que tiene el de Granada, va dejando sin orejas a todo lo que se mueve por Venezuela. Allí El Cid ha explicado que se acabó el ahogo; y ahora viene Quito, tan amable, y luego cuando aquí el frío sea insoportable, viviremos Cali, Manizales, etc. y ya no se pondrá el sol taurino en las Américas hasta que se calmen los fríos en los finales de febrero.
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