Pablo Hermoso de Mendoza es el Juan Belmonte que cambió el rejoneo por el toreo a caballo. Lógicamente antes de Belmonte y de José la historia evoluciona hasta llegar a quien cerraría un siglo y abriría otro. Desde Cañero a don Álvaro, a los Peralta, a la gran línea de pureza lusitana con Nuncio, con Moura, con Lupi, que traen el toreo a dos pistas con “Ferrollo” o el quiebro, o la batida con “Sudeste”, al gran y fundamental Manuel Vidrié, espejo y magisterio del que bebe abiertamente Hermoso de Mendoza… Todos ellos labraron la evolución magnífica del arte de Marialva hasta convertirlo en toreo en los momentos más excelsos donde además se lidia y se busca la pureza eterna.
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