El último domingo de marzo arrojó un saldo sobre el que hay que reflexionar sin excesivo triunfalismo pero también sin inútiles y perniciosos derrotismos. El toreo es así; con la luz cegadora de los éxitos cohabitan la oscura sombra del fracaso y el gris ala de mosca de la vulgaridad. Que al fin y al cabo esa imprevisibilidad también forma parte de la grandeza de la Fiesta. Dada la disposición y puesta a punto de Morante, Manzanares y Talavante, si al ruedo de La Maestranza hubieran saltado toros bravos de verdad, con el punto de fiereza necesaria para el espectáculo, la tarde del Domingo de Resurrección hubiera sido gloriosa.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2010
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2010 para iPad
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2010 para Android
Acceda a la versión completa del contenido
Las prisas son malas consejeras
El valenciano ha sido uno de los nombres propios de la recién terminada temporada 2026…
Solo Perú vive un estado de euforia y crecimiento bajo los efectos de Roca Rey
Isabel Donet glosó la figura de su amigo y compañero tantos años, y director de…
El diestro castellonense anuncia que vuelve a torear siete años después de cortarse la coleta…
La Unión de Abonados de Madrid rinde un emotivo homenaje al torero gaditano en la…
Según informa El Mundo, el programa electoral de los populares incluye la restitución del galardón…