De Valencia a Castellón, de una feria a otra feria sin apenas descanso, sin solución de continuidad. El interés esta vez estaba en los resultados artísticos, naturalmente, pero también en ver cómo encajaba la nueva empresa, digamos que en ese aspecto no ha habido grandes sobresaltos, al menos de puertas para afuera y había una ilusión por encima de todas, que la confabulación de astros y coincidencias necesarias para las grandes apoteosis que se produjo en Fallas, se mantuviese activa en Magdalena. Y se mantuvo activa en las tardes buenas e igualmente inerte en las otras. Se impuso la ley de punto y seguido. En la tarde del arte, Fino, Morante y Manzanares se mantuvieron activos e inspirados de tal manera que no cedieron un ápice de protagonismo ni hubo atisbo de desilusión, ese era el gran riesgo, que el personal que llegó a la plaza relamiéndose los recuerdos de Valencia se fuese con dos palmos de narices como sucedió tantas y tantas veces en casos semejantes hasta el punto que la sabiduría popular tuvo que acuñar una frase que lo justificase, corrida de expectación corrida… felizmente no sucedió así y la expectación sigue intacta y hasta crecida. Ya lo escribí en Las Provincias el arte se ha puesto de moda y por esta vez la moda en el toreo no tiene que ver con la sal gruesa.
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Ley de punto y seguido
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