A punto estamos de escuchar las canales, especie de indicador castizo e infalible, que marcan el invierno taurino. En realidad para muchos hace meses que se escuchan, que sufren, el sonido hidroamargo de señal tan agorera. Llega la gota fría, ahora le llaman ciclogénesis, vaya, se acabaron las ferias, no hay contratos, no hay parné, flaquea la ilusión y te asaltan las dudas. La explosión renovadora de Zaragoza ha dado paso al alicaído San Lucas jienense que, como ha sucedido en la ribera del Ebro, necesita de otro milagro revitalizador que, seguramente, tuviese que ir más allá de la propia plaza. Un milagro en las colas del paro, en el precio de la oliva, en las fábricas que cierran para no abrir… porque, hay que admitirlo, los únicos responsables de los problemas taurinos no son los taurinos, que culpa puede que tengan, claro que la tienen, pero si para ir a la plaza hay que empeñar el colchón, admítanme la referencia belmontiana, ir a los toros entraría en el territorio de la irresponsabilidad familiar y social y no está el país para esas ligerezas. ¡Si al menos fuese para ver a Juan!… en ese punto de lamento estamos, ni hay parné ni hay un Juan o un José que hagan perder la cabeza y los que hay, los que podían hacer su papel, andan demasiado a la suya.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1934
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Llegaron las canales y estamos donde estábamos
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