Cuando Manolete regresó de su primer viaje triunfal a México, se encontró con que en su ausencia Pepe Luis Vázquez lo había desafiado a un mano a mano con Miuras en Madrid. Con aquella leve sonrisa que en contadas ocasiones iluminaba su rostro, contestó El Monstruo -en versión de Ricardo García K-Hito- al periodista que le dio la noticia: “Yo con Pepe Luis sólo acepto desafíos a comer gambas a la plancha”. Y ahí acabó la cuestión, porque entre otras cosas al Califa le hizo gracia el calentón del Niño de San Bernardo, del cual era declarado admirador. Eran tiempos en los que todavía entre los toreros primaba la caballerosidad y el respeto. Luego, los dos torerazos, seguro que comentarían el asunto sin acritud y continuaron siendo los grandes amigos que habían sido desde que se conocieron.
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