Los tres a hombros por la puerta grande. La imagen es un clásico en Alicante. A Borja, a De Miranda y a Rufo se los llevaron en volandas. Los goznes del portalón que da a la plaza de España volvieron a ceder al buen toreo y a la generosidad de este público festivo y amable desde los siglos de los siglos. Quede claro pues donde estamos, que cada uno es cada uno, para que nadie venga a querer cambiarle. Menos clásico, menos deseable, la otra nota de la tarde, fueron tres banderilleros bordeando el drama. A Luis Blázquez, Fernando Sánchez y Andrés Revuelta, los estampó el toro contra las tablas. Se salvaron en última instancia de puro milagro. Ves las imágenes y te estremeces, cómo puñetas escaparon te preguntas. Hay Dios, te tienes que decir, no cabe otra respuesta. Ya ven, ni en las tardes amables se está a salvo, de otra manera el toreo no sería toreo ni seguramente tendría justificación. La corrida de Victoriano del Río hizo honor a la casa, interesante, exigente y con posibilidades de éxito, destacando la calidad del quinto.
En lo artístico la tarde creció a partir del tercer toro. Se trataba del segundo capítulo en Hogueras con aspirantes al relevo. Estos, menos jóvenes que los del domingo, pero todavía con el halo de la novedad y mucho que decir por delante. El reto del relevo no es fácil, porque como hemos visto en esta misma feria a los de la cabecera habrá que empujarles con fuerza para orillarlos y no es cuestión de una tarde ni de dos, ni de tres ni seguramente bastaría con torear bien, que de los que toreaban bien hay muchos en el limbo del montón, pero es que además te tienen que respetar los toros y tener la baraka que hay que tener en la tarde clave, el día equis… y no sé si para entonces bastará con todo lo que les he apuntado, que así de difícil está, siempre lo estuvo, que te reconozcan como figura del toreo. Y llegado a ese punto uno se pregunta qué tendrá el toreo a pesar de tanta dureza y tanto desencanto, también acritud, para que a un aspirante a figurón le suceda otro y otro y otro… siempre a expensas de cuajar la gran faena en el sitio adecuado, que no es lo mismo cuajarla en mi Utiel del alma por la Virgen del Remedio que en plenas Fallas por mucho que el toro no sepa de geopolítica. Y faltaría… lo había pasado por alto, que el público, por encima de los más aficionados, te bendiga y eso es todo un misterio todavía por dilucidar, de ahí que figuras hayan sido los toreros más desparejos y hasta contradictorios en sus formas y que en los cielos del Cossío haya tantos clásicos como heterodoxos. Y en ese proceso de quimérica conquista de los cielos anda la terna de la tarde, locos por el relevo.
A CADA CUAL LO SUYO
El primero, castaño, bien presentado, hizo concebir esperanzas de salida que luego no se confirmaron. Buenas formas en el trasteo, buen planteamiento, facilidad, justa la repercusión y espadazo caído de Borja. A la obra le faltó transmisión, nunca llegó a trepar por los tendidos, sin duda porque esas no fueron las formas que le rescataron del anonimato. El cuarto, tras la obligada merienda, provocó el primer gran susto en banderillas. Se salvó Luis Blázquez no se sabe cómo y nos felicitamos. Borja salió a revienta calderas, lo que tocaba para levantar una tarde que avanzaba anodina. Más bravo Borja que el toro, que cuando se sintió podido entregó sus armas. El de Espartinas le puso el grado de tensión que no tuvo en el primero y en una última serie a derechas puso las cosas justo donde buscaba. Una buena estocada desató el sentido de la generosidad del público que insistió hasta que el presidente le concedió un doble trofeo.
Distraído de salida, raro el comportamiento del segundo de la tarde que se peleó con espectacularidad con el caballo. Visto el comportamiento posterior hay que calificarle de toro mentiroso. De Miranda, capote a la espalda y firmeza de plantas, se lució en el quite. Técnico en la apertura, nunca llegó a acoplarse ni el correcto formalismo que le aplicó parece que sea su arma ni el camino para asentarse en el escalafón. El toro se aburrió, volvió grupas y todo se acabó. Mató de estocada defectuosa, reaccionó el público que pidió la oreja y se topó con la negativa del presidente dispuesto en ese momento a ponerle freno y medida al descorche orejero.
Al cinqueño y cuajado quinto, a ese sí, le hizo faena de hierática firmeza, vertical y templado, en la línea que ha despertado a la Huelva taurina y más allá. Gran faena. Sin paliativos, gran faena. Y lo que es más relevante, con personalidad, diferencial, al margen del carril de la moda. Hartos como estamos de las rutinas al uso se agradece. Derecho como una espadaña cortijera, sólido como una torre románica, sereno allí donde el toro husmea y el alma se te encoje, se dejó acariciar los muslos sin inmutarse. La obra, a más, fue cogiendo cuerpo y trascendencia. Sigue creciendo. Media estocada en la yema le puso en las manos las dos orejas pese a la resistencia del presidente que por esta vez anduvo sorprendentemente renuente en su valoración.
Rufo reencontró por momentos al mejor Rufo en Alicante. Arranque de rodillas toreando con mando y templanza. Prohibido los banderazos, muleta arrastrada y mandona. Luego ya en pie le faltó toro, cuestión que resolvió con oficio, buenas maneras y una elegante puesta en escena. Atacó cuando tocaba, recortó distancias, puso la pasión que le faltó otras tardes y resolvió. La cuestión no merece más explicaciones, todos lo entendimos, toreó con toro y cuando le faltó toro. En el sexto, que no tuvo la clase ni la bravura necesaria para hacer el toreo, apretó y salvó el compromiso entre los pitones. Lo logró, le arrancó un trofeo y con él el pasaporte para que la foto de la apoteosis fuese completa, los tres por la puerta grande y todos tan felices. Alicante en estado puro.
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Locos por el relevo
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