Foto: Diario de Navarra.
Velocidad vertiginosa, tensión extrema y el asfalto convertido en una auténtica trampa por las caídas. El encierro de Victoriano del Río y Toros de Cortés ha hecho honor a su fama de cohetes, parando el cronómetro en unos trepidantes 2 minutos y 23 segundos. Una carrera rapidísima donde la masificación y la velocidad de cohete de los astados han puesto las cosas sumamente difíciles a los mozos.
La carrera comenzó con el guión previsto para los de Guadalix. Los toros salieron de los corrales de Santo Domingo formando una manada compacta que apenas se estiró en los primeros metros de la cuesta, subiendo pegada y muy protegida por detrás de los cabestros. Con esa misma tónica de bloque impenetrable atravesaron la plaza del Ayuntamiento y Mercaderes, sin dar la menor opción a los corredores de asomar la cabeza ante las astas.
Criba en la curva y fractura en la Estafeta
Los problemas serios comenzaron a partir de la mítica curva de Estafeta. El vertiginoso ritmo de los animales provocó muchísimas caídas de salida en el tramo de esa calle. Con tanta gente en el asfalto, el peligro se multiplicó: ante la velocidad de los toros, era prácticamente imposible mantener el paso y los animales pasaban por encima de los mozos, arrollando a todo el que perdía el equilibrio o caía en su trayectoria.
Sin embargo, esa misma inercia provocó que la manada comenzara a estirarse y, a medida que avanzaba la Estafeta, el grupo se terminó rompiendo en dos. Esta fractura abrió los ansiados huecos en la cara de los toros, permitiendo a los corredores entrar con algo más de facilidad y lucirse en carreras tan intensas como breves.
Si la Estafeta abrió huecos, la zona de Telefónica terminó de dinamitar el orden. Varios toros perdieron las manos y se cayeron, provocando que la manada se disgregara por completo. La entrada a la plaza y el paso por el callejón se convirtieron en un goteo de astados sueltos, elevando el peligro por la falta de referencias para los mozos, aunque la nobleza de la carrera evitó una tragedia mayor.
Los astados ya descansan en los corrales del coso pamplonés a la espera de una terna de máxima expectación: Alejandro Talavante, Roca Rey —en su primera comparecencia de la feria— y David de Miranda.
El balance de heridos deja un total de once incidencias, con nueve solicitudes de traslado al Hospital Universitario de Navarra. La inmensa mayoría de las atenciones se deben a traumatismos y contusiones provocadas por la velocidad del encierro y los atropellos en la calle. El punto negro de la carrera se ha registrado en la zona de Telefónica, donde se ha producido una herida por asta de toro en el brazo izquierdo.
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