Juli y Manzanares, que el orden lo decida la antigüedad, han sido los dos líderes de la temporada. Si las cualidades artísticas las combinamos con la ambición y la responsabilidad, si contabilizamos además continuidad, constancia, capacidad lidiadora y nivel de mejora, si tenemos en cuenta las inquietudes y activismo fuera del redondel, matices que también cuentan -y tanto- no hay lugar a la duda: el mando del toreo este año ha sido bicéfalo, Juli y Manzanares han sido los boss -jefes- del cotarro. Luego ha habido un estado mayor importante, un senado, algunos especialistas, nombres emergentes -más debía haber habido- existen también, no hay que olvidarlo, los gustos personales, cada cual, cada aficionado, tiene sus debilidades, su modelo de torero, hasta puede elegir entre soñar y esperar o disfrutar; pero en términos absolutos, desde el realismo más incontestable, ha sido el año de los dos boss.
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