En este mundo, y mundillo, egoísta y envidioso tantas veces, no hay que obviar los éxitos del prójimo de tu mismo oficio. Y por eso debo decir, y escribo, que Vicente Zabala de la Serna escribió en el diario El Mundo, al día siguiente del cataclismo de los toros de Zalduendo y toda la corte de cómplices, una de esas crónicas que pasan a la historia como cruciales en el futuro de la Fiesta. Ahí, en ejercicio de valor periodístico y humano, se exponen limpiamente los graves peligros internos que pueden seguir dañando gravemente a este espectáculo y a su futuro. La crónica de Vicente es un testimonio de la realidad de un momento y a la vez una fuerte voz de alerta de cara a un mañana incierto. Un mañana con una base carcomida donde no se respeta al público, donde cada vez se descasta más al toro, donde el espectáculo pierde el fundamento de la emoción, donde el público pinta poco o nada, donde los precios son exagerados y la incomodidad extrema. Donde desde dentro se impone una degeneración que es más dañina que los movimientos antis y políticos.
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Los peligros internos
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