Comentan las gentes del campo bravo que Fernando Lozano anda ayudando a Julito Aparicio, nieto de la histórica figura, sobrino del genial artista. El cuarto Julio Aparicio (su bisabuelo ya fue banderillero) se destapó en la Fundación El Juli por su personalidad, que brotó a borbotones delante de los animales en tentaderos y certámenes. Se quedó a las puertas de la final del Camino hacia Las Ventas pero el runrún corrió como la pólvora entre profesionales y aficionados.
En verano se alzó con el ciclo de novilladas nocturnas de la Real Maestranza, donde cortó una oreja. El propio Julián López se lo llevó a El Freixo unos días para ayudar a pulir el diamante.
Ahora Fernando Lozano se ha fijado en él. La casa Lozano siempre se ha caracterizado por apoyar a jóvenes valores del toreo. Julio Aparicio Loreto inmortalizó a Cañego de Alcurrucén en 1994. Ahora, su sobrino anda curtiéndose con las embestidas de procedencia núñez que cría la emblemática casa.
Una crisis importante de nuestros tiempos es la de taurinos en el sentido profesional de la palabra. Apostar por un novillero -se llame como se llame- desde su etapa sin caballos denota amor por la Fiesta porque nadie asegura los réditos a tanto trabajo en las etapas tempranas. La suerte debe estar del lado de esta romántica unión dinástica.

