Debutaba Luque en Olivenza y no pudo mostrar su excelente capote más que en las chicuelinas del quite. Sin mover los pies ni un milímetro engarzó una serie por alto que remató con un trincherazo que hizo sonar a la música para luego torear en redondo, ligando los derechazos con los riñones encajados. Perdió intensidad la faena por el izquierdo y el de Gerena tiró de repertorio con las luquesinas finales para volver a activar al público.
Dio Luque tiempos y distancia al de La Ventana que hizo de quinto y a media altura fue metiendo al animal en la horma de su muleta, para llevarlo muy toreado y rematar siempre con gusto. Un toro que no fue sencillo, si bien cuando metía la cara se desplazaba muy bien. Tenía el astado tendencia a apretar hacia adentro, por lo que obligó al de Gerena a tener que corregirle esa tendencia con toques y muchas dosis de temple.
