Pablo Hermoso, a gran nivel, cortó dos trofeos del que abrió plaza y abandonó el Coliseo a hombros por la puerta de cuadrillas.
VÍDEO RESUMEN DEL FESTEJO
Fotos: DANIEL CHICOT
El toro de Alcurrucén, bien presentado, estuvo varios minutos para aparecer en el ruedo. Enrique Ponce, majestuoso en el arranque de faena genuflexo, dejó una labor marca de la casa ante un ejemplar noble con el defecto de tardear. Perfecto en las distancias y las alturas, el valenciano toreó al natural de categoría y cerró con unos aplaudidos molinetes. La estocada tendido causó un rápido efecto y el palco fue abroncado por no conceder el trofeo, dando Ponce la vuelta al ruedo.
Ponce saludó muy bien de capa al de Victoriano del Río. Primero rodilla en tierra y acto seguido ya de pie, quitando después por chicuelinas y una torera larga. Bueno el toro de la ganadería madrileña, repetidor. Se gustó Ponce en muletazos sobre el pitón derecho especialmente, luchando contra el viento y domeñando la encastada embestida del animal. Faena de altos vuelos, muy bien vivida por el público y coronada de una estocada. Con las dos orejas bien ganadas y una estocada, el mal uso del descabello propició que todo quedara en una clamorosa ovación.
El quinto lució hierro y divisa de Domingo Hernández y derribó el caballo que montaba Manuel Quinta. Esa fortaleza no la desarrolló en el último tercio, propiciando el lucimiento de Ponce apenas en los doblones iniciales y en un torero cambio de mano. La sosería y flojedad del astado, unido a su manera de perder las manos, marcó el devenir del trasteo. El de Chiva lo pasaportó de una estocada entera y fue silenciado.
El mejor Ponce volvió a aparecer en el sexto, de Juan Pedro. Temple, largura y despaciosidad fueron las principales virtudes de un trasteo brindado el público y que tuvo calidad en el toreo sobre ambas manos. Insaciable en su ambición el valenciano, hubo una tanda con cuatro cambios de mano marca de la casa y el epílogo con la poncina. El tenor Francesco de Mudo le dedicó un aria justo a la hora de empuñar la espada, que volvió a manejar muy bien. Dos orejas y el anuncio del regalo del sobrero.
Otros dos trofeos paseó el maestro valenciano del sobrero de Juan Pedro que regaló a la afición niñea. Pletórico Ponce, que tras brindar a Simón Casas, enseñó a embestir a un toro de Juan Pedro que no parecía propicio en los primeros compases. Lo acabó cuajando a placer sobre ambas manos, con una fase de toreo a pies juntos y de frente sencillamente extraordinaria. Otra lección del valenciano, que volvió a matar con contundencia y fue sacado por la Puerta de los Cónsules aclamado por una plaza entregada.
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Magistral Ponce, cuatro orejas y Puerta de los Cónsules
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