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Marco Pérez lidió a la perfección tres erales de Jandilla muy distintos entre sí pero a cada uno de ellos le dio la lidia que requerían. El primero, más bien gacho, resultó noble aunque algo corto de recorrido. Tiró de recursos y de variedad para calentar a los tendidos sin dejar de cuidar el toreo fundamental. Los naturales tuvieron un trazo en redondo de extraordinario gusto. Terminó con unas manoletinas y se fue detrás de la espada. Dos orejas.
El segundo siguió la línea de nobleza aunque más justo de fuerza. Estuvo muy bien lidiado por Rafael González que dirigió la clase práctica de manera magistral. Luis Rivero -de la escuela de Madrid- intervino en quites con unas tafalleras. Marco brindó a sus abuelos y se quedó solo con el novillo pasándoselo muy cerca. Destacaron algunos muletazos de la firma y del desdén con derechazos de gran empaque. Cuando se relajó con este novillo, muy asentado y desmayado, el novillo -con la querencia- le pegó una voltereta muy fuerte. Volvió a la cara sin chaquetilla. Gran estocada. Dos orejas.
Se fue a la puerta de chiqueros en el tercero sin necesidad, con todo conseguido, muestra del hambre con el que ha llegado al toreo. A punto estuvo de arrollarle. Este novillo tuvo más complicaciones pero las resolvió muy bien. Se atascó con la espada.
La plaza de Las Ventas registró un ambiente magnífico en los tendidos.
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Mañana para la historia de Marco Pérez en Las Ventas
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