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Más toreo que ambiente, más toreros que estrellas

Se toreó bien, por momentos muy bien. Los lances mimosos de planta impertérrita y elegante displicencia de Luque a su primero me retrotrajeron a los tiempos en los que la capa era asignatura a cuidar, fueron ejemplo de ello; hubo más, las estocadas de Marín que vinieron a continuación de un toreo de quiero y quiero y no me conformo, con el que venció las amenazas del sexto -tardes así deben auparle definitivamente- o los naturales poderosos, de mano baja y trayecto largo larguísimo de Perera a su primero fueron otra muestra; y el puyazo del Patilla al quinto, y los pares de Viotti al sexto… En esas líneas va el resumen de lo mejor de la tarde de ayer en Valencia. Dicho desde otra perspectiva, hubo más toreo que ambiente, más toreros que estrellas. Y en tiempos en los que tanto cuenta la apariencia, ya lo sé, no es una buena combinación. 

Los tres de ayer son toreros en sazón, eso se notaba. Perera, Luque y Marín anduvieron firmes, profesionales, por encima de una corrida de Algarra de la que en recuerdo de sus últimos grandes éxitos en esta plaza, se esperaba más. Al conjunto le faltó la chispa que forjó la remontada de la divisa que con simiente de la mejor época de los juanpedro había puesto en lo más alto aquel caballero sevillano que se llamaba don Luis. Ayer no hubo ninguno decididamente imposible ni ninguno decididamente bravo y esa falta de definición acabó condicionando la tarde. Eso y la falta de ambiente, hay que insistir. Estaban los aficionados y no sé si todos y faltaba el público que por mucho que se le quiera ningunear, en el pecado lleva el toreo la penitencia, en estos tiempos hace más falta que nunca. A plaza medio llena todo hubiese sido mejor.

A la hora de comenzar una brisa aliviadora hacía más llevaderos los rigores de este julio tórrido y descompuesto. Perera se las vio de primeras con un toro serio y distraído de salida al que le encontró pronto lo de bueno que escondía en el pitón izquierdo y sobre ese lado surgió el toreo largo y hondo. Toreo de ordeno y mando ante el que el algarra se rindió y entregó las armas. No duró mucho pero fue suficiente para que se viese lo mejor del extremeño. Por el derecho el toro se mostró enterado y desabrido y no fue lo mismo. Un pinchazo al estilo del viejo Perera seguido de una estocada del Perera de la renovación, dejó las cosas a la espera de mejor ocasión. Su segundo, grandón y vulgarote embistió sin clase y desentendido, más que embestir topó y ante semejante circunstancia ya se sabe, lo que no puede ser no puede ser. 

Luque se las vio de primeras con un toro hondo reunido al que recibió con los lances con los que abrí esta crónica. Lances desmayados, pies juntos, manos bajas, gesto displicente, pase usted que yo ni me muevo, uno, dos, tres… y así hasta los medios para despedir aquel primer encuentro con media sedosa y ad hoc, un ahí se queda usted. Repitió suficiencia capotera en el quite, esta vez con el compás abierto y el mismo registro. El algarra comenzó a pararse ya en banderillas y en el último tercio la proporción de bondad y bravura dio excesiva sosería. Demasiado Luque para aquel toro. El arranque de faena al quinto fue torerísimo. Por abajo. Mandón. Bonito. Sobrado. Virtudes que reunidas dan torería, qué si no. Seguidamente le buscó las vueltas, le ganó la voluntad y el territorio y en el espacio de un ladrillo, muy encima, muy agarrado se bailó un homenaje a Dámaso, el péndulo, el circular invertido, el abuso… así hasta estrujarle antes de sus obligadas luquecinas como broche final. Lo ves y te dices que esto es fácil y no lo es, cómo va a ser fácil. Este Luque vive su plenitud y llegará un día en que explote para además de gran torero, ser estrella.

El tercero marcó querencias desde que apareció así que Marín, otro que va camino de ser estrella, lo amarró en los medios y se impuso a los compases de Concha Flamenca. Toreó por derecho y por abajo, hasta le hizo un toreo de ovillo de lo que le ganan la voluntad a público y afición. El estoconazo fue acorde a su fama de as de espadas. Los viejos decían en esos casos que le partió el alma, pues eso. Hasta sonó. 

Al castaño sexto le ovacionaron en cuanto asomó su seria corpulencia. Los lances de Marín tuvieron ritmo y las medias alto rango. No fue nada fácil el algarra, en realidad costaba un Potosí aguantarle sus amagos y le aguantó. Faena de mucho mérito. Una serie sobre la derecha fue la cima. La recompensa al esfuerzo. El parteaguas que puso a todos de acuerdo y aún le robó dos naturales de cartel. Y volvió a matar con estilo que no es poco en tiempos en los que priva la simple y en ocasiones ventajista eficacia. Lo dicho, más contenido que continente en la apertura.

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Más toreo que ambiente, más toreros que estrellas

José Luis Benlloch

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