La semana tuvo de todo. Como en botica no, como en el toreo. Hay cosas que solo pasan en el toreo y uno no sabe si pensar que en tales singularidades es donde radica su fuerza ancestral. Seguramente. Porque si razonas no lo entiendes, ni siquiera llegas a comprender cómo hemos llegado hasta aquí. Sin respaldo institucional, sin guía, sin normas, sin conciencia de clase, en este caso sin conciencia de arte, sin visión de futuro… así ha sido al menos hasta ahora. Haber sobrevivido entra en el territorio de la milagrería. En realidad es un prodigio sin padre reconocido. Cómo se puede ir del individualismo más acervado de las figuras de otros tiempos -y hasta de no hace tanto- cuando escondían hasta la amistad más sincera las pocas veces que la había, para que nadie se mosquease, cómo se puede transitar de ese extremo a los frentes solidarios más impenetrables de la actualidad sin solución de continuidad… pues sí, en el toreo es posible y además se logra en nada y menos y sin rubor, en lo que cuesta lanzar un comunicado. Un clic de ordenador y ya está armada.
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