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Mejor calidad que cantidad

Luque ha puesto la plaza a hervir, pero en vez de liar la muleta y hundirle la espada en el hoyo de las agujas, ha seguido insistiendo hasta que el toro ha cantado la gallina y lo que pudo ser un triunfo quedó en una petición de oreja que el “usía” no atendió.

El último toro de la tarde le ha regalado a Daniel Luque quince embestidas con fuerza, codicia y arrastrando el hocico por la arena. El torero ha puesto la plaza a hervir. Pero en vez de liar la muleta y hundirle la espada en el hoyo de las agujas, Luque ha seguido insistiendo hasta que el toro ha cantado la gallina y lo que pudo ser un triunfo quedó en una petición de oreja que el “usía” no atendió.

Creo que fue Rafael “El Gallo”, el ingenioso hermano de Joselito, quien, al regresar de una visita a París, cuando le preguntaron qué le había parecido la capital de Francia contestó; “Na, bulevares y más bulevares, mantequilla y pan tostao”. Bueno pues en eso quedan la mayoría de las faenas de los toreros de hoy. Pocos tienen sentido de la medida, habida cuenta de que cada toro tiene su lidia y su tiempo, y se hartan de dar muletazos intrascendentes y anodinos que acaban aburriendo al toro y al personal.

Como en todo hoy, en el toreo también, tal parece como si la cantidad primara sobre la calidad. Y no es eso, no es eso. Pero claro, ocurre que cuando escribo tengo en mente a aquellos matadores de toros que tenían a orgullo serlo e iniciaban el último tercio con la “toledana” y no con el estoque simulado. Así, a la primer igualada si había habido lucimiento, y si no con más motivo, le atizaban al cornúpeta un escopetazo dejando al público enardecido y con ganas. Pero como decía Pepe Luis Vázquez en esas ocasiones; “El que quiera más que venga el domingo que viene”.

Lo que comenzó en los años cuarenta, Manolete reinante, con el consabido parte facultativo más falso que la piel de Judas, que autorizaba el uso de la “espada de madera” –ahora de aluminio o titanio-, hoy es ya costumbre. Y no solo el estoque se ha llevado por delante la modernidad, sino también la colocación de los toreos en el ruedo, la heterodoxia frecuente del primer tercio, el tirarse al callejón al salir de los pares de banderillas, etc, etc. En fin, tantas cosas que devalúan el hecho taurino...

Abellán hoy se ha visto como desganado, desgana que ha alcanzado hasta al batallador Ferrera. ¡Ah! Y los toros en general poco beligerantes aunque grandones, fuertes y bien presentados la mayoría. Y algunos cinqueños. Cosa que no hay por qué resaltar tanto, al fin y al cabo Joselito decía siempre: “El toro de cinco y el torero de veinticinco”.

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Mejor calidad que cantidad

Paco Mora

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Paco Mora

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