Ha comenzado el desembarco del toreo europeo en tierras americanas. Morante, Castella y Talavante han sido los primeros en clavar sus estandartes de auténticas figuras en la Monumental de México. El de La Puebla abrió fuego con una faena de las suyas en la que derramó su arte puro y cristalino en el ruedo del embudo de Insurgentes, encandilando a los aficionados mexicanos. No tuvo suerte con la espada pero ahí quedó la impronta del más valiente de los artistas y el más artista de los valientes de esta rara época de síndromes confusionales. Confusión que también se ha adueñado de la Fiesta, quizás como reflejo de la que afecta a una clase política que no nos merecemos.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1938
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