Se salvaron los muebles. Y a lo mejor algo más. Pero yo, y cualquier aficionado con dos dedos de frente, temía ver el horror de una imagen con los tendidos desiertos en el día en que más guapa se pone cada año la Maestranza de Sevilla. No fue así. Miura, que fue el reverso de la del año pasado, no colaboró al esfuerzo de una afición fiel en el mano a mano entre Escribano y Luque. Toros difíciles y deslucidos. Eso también pasa cuando sale el toro.
En Málaga el otro pulso. Otro lleno. Dos figuras. Uno con mucho arte y otro con mucho poder. Morante y El Juli. Pero faltó el toro, eso dicen quienes lo vieron. El toro de la emoción. Faltó toro y fallaron espadas. Y no es bueno ese sistema de llevar el toro bajo el brazo y abolir el sorteo. Que ese es uno de los actos en que la fortuna también participa. Y si le vamos quitando pelos, más pelos, a la Fiesta la dejamos calva. Más de lo que está.
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