Una multitud se concentró a las puertas del Hotel Wellington para ver a Morante después de que se cortara la coleta tras lograr su segunda puerta grande en Madrid en una tarde histórica para el recuerdo. Los aficionados coreaban su nombre y aplaudían a la espera de su salida al balcón, lo que hizo el genio sevillano ataviado con una bata, como ya hiciera este año cuando logró su primera puerta grande en Beneficencia. Morante saludó y brindó con una copa en la mano y agradeció el cariño de sus seguidores coronando así una tarde para la Historia.
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