“El toreo es una especie de droga. Es una pasión y un amor. Una locura. Es un diálogo muy íntimo donde tu miedo y tu valor está continuamente riñendo”. Con estas palabras tan cortas pero contundentes y profundas definió Morante de la Puebla el toreo en una entrevista que emitió el programa Tendido Cero de ayer sábado en TVE. Este programa taurino realizó un repaso a la temporada taurina del diestro de La Puebla con imágenes de sus mejores faenas y una entrevista al propio torero. Entre otras muchas reflexiones, Morante se sinceraba a la hora de pensar sobre su futuro: “Lo que más preocupa es saber hasta dónde llegará mi relación con el toro. Es una relación de amor y odio que no sabes cómo dejarla a un lado y a la vez notas cómo el tiempo va pasando. Me preocupa pensar cuando tenga que dejar de torear, si podré vivir. Es un miedo raro pero me pasa”, sentenciaba. El torero, muy preocupado por el futuro de la Fiesta, habló de los antitaurinos y de Cataluña. Con respecto a los primeros, confesó que “los entiendo y los respeto. Pero me siento muy mal cuando se ponen delante de una plaza a insultar a la gente que pasa. Te insultan directamente y te recriminan. La afición del toro es muy respetuosa con ellos y por lo tanto ellos deberían ser más respetuosos con nosotros”. Sobre Barcelona, reflexionaba que “es una plaza que ha tenido mucha tradición taurina tal y como me cuentan toreros antiguos como mi apoderado Curro Vázquez. Desde la política se ha ido cortando la afición joven, la información taurina… Ha sido un proceso político que ha terminado con la prohibición”. De todas las faenas del año, una de las más importantes fue la del 23 de agosto en Bilbao al toro “Cacareo”, de Núñez del Cuvillo, al que le cortó las dos orejas. Morante repasó la faena ante las cámaras de Tendido Cero. “El toro, cuando salió a la plaza no me gustó mucho porque era muy destartalado y grande. Pero confiaba en su nobleza. El toro nunca acabó de definirse al principio de la lidia y entonces comencé la faena por abajo porque creía que el toro debía pararse y centrarse. A partir de ahí hubo una conjunción y un diálogo permanente entre toro y torero que al final llegamos a un acuerdo artístico. Fue una faena sorprendente porque no se intuía. Recuerdo que al sacarlos hacia afuera el público empezó a pitarme porque ya no confiaban ni en mí. Poco a poco el público fue metiéndose en la obra hasta llegara a emocionarse”. Sobre la salida a hombros por la puerta grande de Bilbao admitió: "Cuando me adulan tanto me ruboriza un poco, pero aquella puerta grande me supo de una manera especial porque veía a la gente acercarse a mí muy emocionados, algunos con lágrimas en los ojos".
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