No nos engañemos, se habían creado unas expectativas superlativas sobre una Resurrección, solo de Jesús, porque Morante no estaba muerto, o una vuelta, o una reaparición como queramos llamarle. La reventa rememoró a mi amigo Pedrito "Laboratorio", que acuñó aquella frase histórica: "Entradas para Resurrección para ver a Curro... ni Mario Conde con el talonario", cuando el talonario de Conde era de fiar, claro. Primera vez que se televisaba la corrida tradicional del Domingo de Resurrección, acontecimiento extraordinario, tanto que hasta el emérito se interesó por él, como su madre (Doña Mercedes "Currista de pro") y junto a su hija (Infanta taurina) presenciaron la corrida. Pero ha habido muchas tardes del mismo cuño. Nada nuevo.
Garcigrande envió una corrida a modo, algunos dijeron en tipo de Sevilla, el tipo de Sevilla no es ese, tiren ustedes de hemeroteca y vídeos antiguos... y la corrida tuvo muchas -¿cómo le dicen los modernos ahora, teclas?- eso, teclas, como un piano. Nulo el que abrió plaza, no por malo, sino por impotente, con nobleza, con clase... sin poder. Morante abrevió... se le esperaba en el cuarto y salió un toro de poca duración pero las suficientes condiciones para que el de La Puebla satisficiera a todos los que se habían congregado allí para alabarlo y comprobar, eso es así, que es el mejor torero de muchos años atrás. Pocas series, suavidad, chispa, esas cosas que salen de dentro hasta que duró el toro. Da igual una que dos orejas, como se ha criticado, era la envoltura, era Morante. Por eso, qué difícil es torear tras él. Roca Rey, con el mejor lote, construyó una faena de más a menos y claro, cuesta mucho trabajo y es doloroso ver cómo estás ejecutando pases limpios y ligados con un gran toro y la gente no ruge, no vibra... doloroso. También le sirvió el quinto y la misma vida le costó que sonara la música, oiga, la misma vida. Oreja merecida por lo que sudó y se esforzó, y hasta le pidieron otra.
David de Miranda aprieta que no hay donde esconderse. A Roca Rey le va a doler la cabeza porque como éste, hoy por hoy, no se arrima ninguno. Intervino en los quites en los toros de Andrés y le hizo replicar. Tuvo un lote difícil y complicado, y a veces, la mayoría, la gente no se dio cuenta de los problemas de los astados. Mansón irremediable su primero y complicado, mirón y, sobre todo, imprevisible el sexto bis. La oreja que le cortó vale más que la entrada más cara que se pagó.
Una corrida de gran expectación pero no nos equivoquemos, Garzón debutó como si nada hubiera pasado. Esperemos que no tengamos que añorar a la empresa Pagés. Que todavía queda mucha tela que cortar… y contar. Tarde de expectación pero como cualquier otra de muchos años atrás.
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Morante, Garzón y una tarde del montón
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