Había parado el tiempo al ralentí a la verónica Morante de la Puebla nada más salir el gran Seminarista de Garcigrande. Soberbio y eterno Morante con el capote. Pero es que el sevillano formó el taco en Madrid hasta en banderillas, interviniendo en un quite a cuerpo limpio con mucha gracia, muy jaleado, para auxiliar a su tercero, José María Amores. Era el presagio de lo que iba a venir después, una obra de arte monumental. La imagen del quite a cuerpo limpio en banderillas, en el objetivo de Arjona.
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