No es un torero cualquiera. Ni en la plaza ni en la calle. No presume de valor, ni de logros más o menos efímeros, habla de sí mismo y de su profesión con el respeto de quien se siente un privilegiado por ser matador de toros. Ideas claras y un convencimiento personal radiante descubren a un diestro vocacional, que asegura que el riesgo lo asume como una necesidad espiritual. Describe el toreo como un estado de ánimo y de su temporada no olvidará su paso por Pamplona ni el mérito del día a día. Sin anclajes y sin guión, Jiménez Fortes desgrana percepciones.
- “No creo que seamos nosotros los que elegimos ser toreros sino la profesión la que nos ha elegido a nosotros”
- “En vez de valor prefiero hablar de estados de ánimo. Lo que más me ayuda en la plaza a la hora pasar líneas rojas es lo claro que lo veo. Superarlas me da paz”
- “Se habla muy alegremente del encimismo, pero en esos terrenos es donde está el dominio pleno del toro, donde le ganas la pelea”
- “Me encanta sentir que la gente me quiere ver, que tiene ganas de ir a la plaza porque ha oído hablar de mí. Son sensaciones preciosas”
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Más allá del valor
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