Opinión

Mal día para la Fiesta

(Foto: Arjona).

Desde el Arenal

Carlos Crivell | Viernes 15 de mayo de 2020

El 14 de mayo no fue un buen día para la Fiesta de los toros. Dos noticias saltaron al aire que producen una notable incertidumbre y una profunda zozobra a los profesionales del toro y a los aficionados.

Hace escasas fechas llegaba la alegría de saber que los hombres del toro podían acogerse a prestaciones económicas en su condición de trabajadores en una actividad artística. Esa alegría ha durado poco más de una semana. Según ha comunicado la Unión de Toreros, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha denegado la concesión de estas prestaciones, en contra de lo que manifestó en su momento el ministro de Cultura. Se trata de una decisión que deja desamparados a un número muy alto de trabajadores del sector taurino, los cuales no ingresan nada si no participan en festejos.

Solo queda la esperanza de que el Gobierno corrija esta situación, aunque la simple tardanza en hacerlo ya es más que sospechosa. Las asociaciones correspondientes, Unión de Toreros y la Unión de Banderilleros y Picadores, ya deben estar planteando un recurso contra esta actitud que lesiona gravemente a un colectivo que ahora se encuentra sin ninguna protección.

Por la tarde llegaron las palabras del vicepresidente del Gobierno en el Senado donde dijo que “me incomoda enormemente que se reivindiquen las corridas de toros como algo cultural”. El señor Iglesias no engaña a nadie. Ya lo había dicho en múltiples ocasiones. Sin embargo, en una situación de desastre nacional, con tantos muertos a cuestas, con los sanitarios mal protegidos por una política ineficaz, con los ancianos dejados al albur del virus, y ante una catástrofe económica sin precedentes, no parece lo más oportuno que un señor de esta calaña se dedique a mortificar los sentimientos de un sector como el de los toros y el de una gran cantidad de españoles que se declaran seguidores y admiradores del rito de la corrida de toros. Si es por incomodar, a muchos nos incomoda (y nos sorprende) que este señor pueda ser vicepresidente. Ni él podía llegar a tanto, ni España caer tan bajo.

El señor Iglesias tiene maniatado al presidente (que tampoco es partidario de la Fiesta), de forma que mientras este Gobierno se mantenga en el poder el toreo solo va a encontrar piedras en el camino. Su deseo indisimulado es que el toreo se consuma poco a poco, para lo cual se le desasiste de todo tipo de alimentación y se le quita el oxígeno.

Son dos noticias malas, pero que deben servir para avivar conciencias. Se habla de unión del sector para luchar por el toreo. Es una unión que parece que ha surgido en la reclamación al ministro de Cultura de más seiscientas entidades que solicitan un trato digno y equitativo. Pero hay que ir más allá. Está bien lo de ir pensando cómo podrían ser las corridas en el futuro, la vuelta a los pueblos, la bajada de los gastos, la composición de carteles equilibrados con figuras y toreros menos agraciados, pero además es urgente otro tipo de manifestaciones para exigir que cesen los desprecios de los gobernantes. Y aquí, los más poderosos deben dar un paso al frente. Algunos empresarios, apoderados, ganaderos y otros taurinos llevan el confinamiento al límite. Los toreros han ofrecido sobradas muestras de su solidaridad. Otros, con mucha fuerza en el sector, están perdidos. No sabemos qué piensan ni hasta dónde quieren llegar para exigir un cambio de rumbo en el ejecutivo. La reacción del toreo debe ser contundente. No hay que esperar a las urnas, que nadie sabe cuándo llegarán. La respuesta debe llegar ya. Mañana puede ser tarde.

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