FERIA DE FALLAS

Navalón saborea la gloria en su feliz reaparición en Valencia

José Ignacio Galcerá
sábado 14 de marzo de 2026
Con un hambre y una ambición desatada, y una notable dosis de buen toreo, el valenciano conquista una puerta grande con el mejor lote de la corrida de Victoriano del Río

Y en la tarde de las figuras, apareció otro que lo quiere ser de verdad: Samuel Navalón. Del drama a la gloria, ese ha sido su viaje desde el pasado septiembre cuando un novillo en un festival en Algemesí lo mandó a la UCI y esta tarde en Valencia dos toros de Victoriano del Río, que cayeron en su lote, lo elevaron por la puerta grande. El torero valenciano desató toda su hambre torera en el cartel estrella de las Fallas. Desde que apareció en el ruedo. No se amilanó frente a Talavante y Roca Rey, tampoco le pesó el ambiente de máxima expectación, que volcó a su favor enseguida por su excelente puesta en escena, entró en quites, se fue a la puerta de chiqueros en el sexto en un signo de inconformismo, se echó de rodillas con capote y con muleta, y tuvo la suerte de cara, que para conquistas como la de esta tarde también es necesaria.

Navalón se hizo dueño y señor de la tarde e incluso hizo de Roca Rey frente al tercero cuando con absoluta determinación se plantó en los medios y esperó al toro de Victoriano del Río en un inicio por cambiados made in Perú. Ahí ya tuvo el espada de Ayora al público en el bolsillo. Y en la primera tanda a derechas, también al toro en la mano. De un pitón derecho extraordinario este Casero, con una manera de volcar la cara que daba una profundidad mayor a la embestida que ya traía con fijeza y la repetía sin descanso. El toreo en redondo de Navalón fue rotundo, redondo, ligado, encajado y templado. Esa clase y la franqueza en el toro no la hubo por la otra mano y parecía poder diluirse la faena. Nada de eso. Volvió a crecer de nuevo desde la máxima firmeza y ya no pararía con otra serie a derechas de un perfecto gobierno. Y de ahí, una explosión final con dos circulares invertidos de impecable pulso. Y un desplante sin muleta como gesto de su ambiciosa reaparición. El primer pinchazo dolió a toda la plaza. Una estocada al segundo intento, la oreja y la vuelta al ruedo para el toro de Victoriano del Río.

La gloria la conquistaría en el sexto. En sus manos cayeron los mejores toros, y los de mayor fondo, de la desigual, voluminosa y mansita -especialmente en los primeros tercios- corrida de Victoriano del Río. Ese sexto tuvo lo justo que necesitaba Navalón para armar otra faena presidida por el deseo. Era su tarde y lo sabía. Curro Javier prendió la llama con dos excelentes pares. Y tras el brindis al público, se desató  el delirio con un apoteósico inicio de rodillas. ¡Con qué aplomo toreó de hinojos! En realidad, con qué aplomo toreó durante toda la tarde. En Tallista, la calidad, en él encontró Navalón el ritmo de una embestida dulce para torear despacio, que es lo que hizo el valenciano. Temple y hambre. Corazón sereno para torear y la sangre caliente para buscar el triunfo. La codicia y el celo escaso del toro. El pulso de su faena no lo tuvo cuando tiró la ayuda con tanta fuerza que impactó en el callejón. Ahí llegó un ramillete de luquecinas y unas bernadinas, con toda la artillería atacó Navalón. Pinchó y enterró la espada a la segunda. Cayó la segunda oreja y la puerta grande para celebrar una feliz vuelta a los ruedos.

Alejandro Talavante inauguró el cartelazo con una correcta faena. Ese primer toro desarrolló calidad pero siempre con el condicionante de la mansedumbre. El toro tomó un picotazo al relance y salió disparado al caballo que guardaba la puerta. Corretón, se dolió en banderillas. Entre las dos rayas, el extremeño pulseó con la mano izquierda dos series templadas, lo mejor de un trasteo a menos con el toro renunciando a embestir. Estuvo por encima de las condiciones del cuarto, mansito y suelto. Una faena académica del extremeño en la que puso más de lo que tenía el toro, que se movió con nobleza pero sin emplearse de verdad.

Roca Rey pinchó la faena al segundo. Sin la explosión de sus habituales inicios de faena, fue construyéndola poco a poco sobre la base de la quietud y el domino. Cuanto más gobierno había en la muleta del peruano, mejor embestía el buen toro de Victoriano del Río. Fue una faena larga, abierta por alto, sobre la mano derecha, y a pies juntos, vivida con cierta frialdad hasta un cambio de mano convertido en casi circular que metió de verdad a los tendidos. Faena a más, sobre todo cuando acortó distancias, terreno ese, el de las cercanías y entre pitones, donde está como pez en el agua y conecta tan fácil y tanto con los públicos. Las bernadinas, sonando un aviso, parecían poder amarrar un triunfo que se le escapó con la espada.

Se las vio con un quinto noble pero de apagada embestida. Lo dejó crudo en el caballo -bien ejecutada la suerte por Sergio Molina-, como es norma en él, pero llegó a la muleta sin la transmisión necesaria para levantar una faena abundante, larga y sin eco del peruano. Lo mató a la primera.

Valencia. Sábado 14 de marzo de 2026. Toros de Victoriano del Río, bien aunque desiguales de presentación, de variado juego. El tercero, de gran pitón derecho, Casero de nombre, número 59, de 576 kilos, nacido en 09/21, negro burraco, premiado con la vuelta al ruedo. De buena condición el sexto. Alejandro Talavante, silencio y silencio tras aviso; Roca Rey, ovación con saludos tras dos avisos y silencio; y Samuel Navalón, oreja y oreja. Entrada: Lleno de "No hay billetes". Antes de la salida del primer toro, la terna fue obligada a saludar. Saludó tras banderillear al sexto por dos excelentes pares Curro Javier.

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