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Nek, con licencia para soñar

Era tarde de examen y envites. Se la jugaba la afición que ya lleva tiempo señalándolo ¡Ese, ese puede ser! Acertó. Ese es, Nek, Nek Romero. Se la jugaba la plaza que necesita como el comer un torero que reactive el camino de vuelta de los aficionados y ese puede, debe ser, Nek. Y se la jugaba el propio torero, Nek se llama, insisto para los menos iniciados, que precisaba reafirmar lo mucho bueno que ya mostró en su debut. Salió cara, confirmado, hay torero y bueno. Así que acertaron los aficionados y cabe pensar que se reabren los caminos de vuelta a la plaza siempre y cuando la dirigencia lo sepa aprovechar y la siempre imprescindible suerte acompañe. El tal Nek, dicho para quienes no lo conozcan, tiene porte de torero importante, tiene serenidad, que es señal de valor, y ese algo que no se explica muy bien pero que hay que tener necesariamente para añadir al bien torear y sacar la cabeza en instancias superiores. Así que todos contentos. Bastaba con ver salir a la gente de la plaza, satisfecha, ilusionada, orgullosa -¡Sóc d´Algemesí!, te decían- y todos los de Algemesí y los que no lo son se les adivinaban ganas de volverlo a ver. Lo mejor lo logró con el sexto, al que lució generosamente y que en justa correspondencia le embistió con vibración y buena clase hasta alcanzar la conjunción perfecta. A uno le premiaron con dos orejas, y la consiguiente puerta grande, al otro con una ovacionada vuelta al ruedo.

La tarde tuvo más momentos de interés. El propio Nek ya dejó excelentes detalles en su primero y Manolo Caballero, llegado desde Albacete, hijo del maestro del mismo nombre, estuvo especialmente bien en el quinto, al nivel que cabe exigir por su cuna familiar y por su cuna patria, quiero decir que toreó parado y templado, firme y despacioso. Y no sería justo obviar al primer debutante, Sergio Rodríguez, que mostró excelente concepto y nos regaló una estocada en su primero que por sí solo valía un triunfo. Tampoco fue malo el ambiente, casi media plaza que en buena lógica debe ser sementera para futuras citas de este calibre.

Parado y elegante

Al tercero de la tarde, primer capítulo de Nek, lo toreó de capa derecho y templado, elegante en las formas, suelto de tensiones, ora a pies juntos y desmayado, ora con el medio compás y siempre con medio capote y aires de matador. Luego la faena de muleta fue elegante, dejó que el toro le pasase cerca y le aguantó impasible los amagos. Tiene valor te decías, no muda de color y tiene cositas que es ese plus de más al que me refería que le hace diferente. Un remate zurdo tuvo cadencia, en realidad la tuvo todo lo que hizo y aunque no hubo trofeo, quedó claro que la apuesta tenía visos de triunfo.

La faena grande llegó en el sexto, colorado, de acodada y astilarga cuerna, al que le salió toreando y de qué manera, por naturales, en los medios, sin probaturas. ¡Venga usted! y el novillo de nombre Pensamiento, se le vino pronto, alegre y codicioso. Y comenzó la sinfonía. Sobre todo con la zurda, el toreo surgía largo y rítmico, sin más estridencias que la que produce la emoción del buen hacer. No bajó la calidad con la derecha y todo se producía en series largas y vibrantes, era toreo ligado y seguido que enganchaba directamente con la ilusión de toda una plaza. Comenzó en los medios y acabó en los medios donde se perfiló en corto y dejó, ahora sí, una buena estocada que desató el delirio general. Las dos orejas fueron de ley.

Castaño y claudicante, el primero de Caballero quería más que podía y el joven novillero demostró que traía el temple de serie -en este caso de origen- pero no fue suficiente. Su insistencia no tuvo mayor fruto que el demostrar sus buenas cualidades. Que no es poco. En el quinto, colorado y bien armado, aplaudido de salida, se mostró sereno y dispuesto, valiente y templado, y lo toreó con la izquierda al ralentí. No se amilanó con una espectacular voltereta. Al contrario, se levantó sereno, otra asignatura aprobada, y lo cuajó con la derecha. Pinchazo y gran estocada. Oreja

Berreón y en puntas el novillo que abrió plaza. No le sobraban las fuerzas. Lo mejor del novillo, la humillación, lo del novillero, la disposición. Lo despachó de una estocada de libro, en realidad fue un rayo. Hubo petición no atendida y dio la vuelta al ruedo. Castaño, recogido de hechuras, fue el cuarto que tuvo tendencia a pararse y ahí, en la corta distancia, le sacó lo mejor con toreo de excelente concepto. El novillo, congestionado, se puso difícil para matar y lo mató regular.

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Nek, con licencia para soñar

José Luis Benlloch

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