Aclarado que no entiendo ni papa de galgos, cosa natural porque no tengo la suerte de conocer ese mundo por dentro, resulta que la cantidad de respuestas -no todas modelo de educación y equilibrio- que ha provocado mi osadía de escribir sobre las tropelías que en él se perpetran, coinciden en que no son cosa de los galgueros sino de quienes les roban los galgos. O sea, que también hay cuatreros de galgos. Alguno me acusa hasta de no tener ni idea de lo que es criar un galgo. ¡Toma! Ni de dar de mamar a una lagartija ni de ordeñar a una hormiga. Pero para abominar de quienes cuelgan galgos de las higueras no es necesario saber criarlos. Insisto en que para mí, quien ahorca un galgo es capaz de ahorcar a un ser humano. Y ahora vamos a lo nuestro.
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