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Ni chicha ni limoná

Ya en el primer toro de la tarde, me restregué los ojos a ver si reconocía en él a los “terroríficos adolfos” de otros tiempos. Falsa alarma. Adolfo Martín ha ingresado en el grupo de los que quieren que sus toros los toreen los exquisitos a toda costa.

Corrida de Adolfo Martín, plúmbea y anodina, tan gris en su comportamiento como en su asaltillado pelaje. Cómo habrá sido la tarde, que la única alegría me la ha dado reconocer a Cuqui de Utrera en un plano general de los tendidos. Ni qué decir tiene que he visto la última de la Feria de Otoño por Movistar Plus y la he oído en las voces de Manolo Molés y mi paisano Manuel Caballero. Conocí a Cuqui de Utrera en el hotel de Madrid que me hospedaba cuando dirigía Interviú, y me lo presentó Manolillo de Valencia. Fui a verlo a Sevilla y tuve la suerte de disfrutar con la sinfonía de seis naturales de frente, que no los mejora ni el que lo inventó, a un novillo que había brindado a Manolo Vázquez. Años después, ya decaída la buena estrella con que comenzó, recuerdo un almuerzo en Toledo con él y Pedrés en el que los tres nos sentimos muy a gusto.

Pero bueno, yo había abierto la pantalla de mi ordenador para hablar de la corrida de hoy en Las Ventas, pero la verdad es que al poco de comenzar más que verla la he dormitado. Sólo he recobrado la consciencia completa en el quinto toro con el que El Cid ha estado a punto de reverdecer sus laureles en la plaza de la Calle de Alcalá. Ya en el primer toro de la tarde, correspondiente a Rafaelillo, me restregué los ojos a ver si reconocía en él a los “terroríficos adolfos” de otros tiempos. Falsa alarma. Adolfo Martín ha ingresado en el grupo de los que quieren que sus toros los toreen los exquisitos a toda costa. Aunque sea perdiendo la suya su vitola de “ganadería maldita”. Y mira por donde en ese palo era de lo más interesante, porque de las otras de las que no asustan a nadie y van y vienen como hoja al viento ya hay demasiadas.

Luego, cuando he oído al ganadero echarse flores a sí mismo, diciendo que a él sí le había gustado la corrida y referirse nada menos que a cuatro toros importantes, he pensado que no hemos debido ver los mismos toros o que al bueno de Adolfo también le ha vencido la modorra como a mí y ha soñado con una corrida diferente. No sé, será que no he oído bien. Pero la prueba del algodón es que, ni un oreja ni una vuelta al ruedo, ni una bronca, ni un susto ni na de ná, es muy definitorio de una tarde de toros. En fin, otra ganadería que ha entrado por el tubo. ¡Hay San Euro Bendito, cuántos errores se cometen en tu nombre!

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Ni chicha ni limoná

Paco Mora

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