La gresca en Sevilla crece por momentos. Cuando parecía, sólo parecía, que se habían calmado las aguas, que La Feria por antonomasia iba a volver a ser lo que siempre fue, exactamente lo que nunca debieron permitir que dejase de ser, el más lujoso escaparate de la Tauromaquia, de nuevo se encanalla el ambiente y todo se nubla con las consecuencias más nefastas. Una frustración absoluta. Ni la feria, este año al menos, va a volver a ser lo que todos desean, lo que es necesario que sea; ni Morante en las últimas horas ha mejorado en congruencia, en realidad sigue costando mucho entender a la vez su amor a Sevilla, sus deseos de estar en Sevilla y su no estar por segundo año consecutivo; ni el alcalde como negociador parece tener mucho futuro ni su discreción es fiable; ni la FIT ha mejorado las expectativas que levantó aquella mañana en la Academia de BBAA de Madrid, donde clamó al mundo sus intenciones y planes poco menos que mesiánicos que dijo concretaría poco después sin que hasta el momento haya concretado mucho más allá del último comunicado que no tengo muy claro que apague el fuego sevillano o lo avive más; ni la empresa Pagés, Canorea y Valencia, señalada por unos y otros, pegada al burladero del mutismo -mejor así- del que sólo aletea de cuando en cuando el capote de la filtración, ni mucho menos ellos, mejoran un ápice la valoración de su gestión.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1952
