Una temporada corta pero triunfal, cargada de sensaciones, de regularidad, de cuajo y madurez. Más allá de las orejas cortadas que también han sido muchas y muy seguidas, Iván Vicente ha vuelto a vestirse de luces dos años después, siendo el mismo torero de siempre pero más depurado, más profundo y más convencido de sí mismo. Quien tiene el tesoro del clasicismo, puede virar su situación en el escalafón. En ello anda. Las pruebas son evidentes y la hondura de las faenas que ha firmado este curso ahí están.
- “Los toreros tenemos que mostrar nuestras armas en el ruedo y este año lo he reflejado día a día, consiguiendo una regularidad que a lo mejor en otra época me faltó”
- “Madrid es mi plaza, en ella debo mandar el mensaje del triunfo y gritar que aquí estoy yo. No me he aburrido, he luchado, he cuajado toros allí donde me han anunciado”
Lea AQUÍ la entrevista completa en su Revista APLAUSOS Nº 1930
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No ha dicho su última palabra
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