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La Revolera

La muerte no es el final...

No es cierto que para ser inmortal en el toreo haya que morir en el ruedo. Eso es un tópico más de los muchos que revolotean alrededor de la Fiesta...

No es cierto que para ser inmortal en el toreo haya que morir en el ruedo. Eso es un tópico más de los muchos que revolotean alrededor de la Fiesta. Ahí está Juan Belmonte, que puso fin a su ciclo vital cuando le dio la gana, pero que, ni aún erigiéndose en dueño y señor de su destino, pudo borrar su grandeza de ser el inventor del toreo moderno. Y sin embargo, pese a no sucumbir vestido de seda y oro en la arena, el arte actual de lidiar toros bravos se llama Juan Belmonte García. Porque “in sécula seculorum” existirá un antes y un después, que tendrá como punto de referencia al Pasmo de Triana. Lo de mover los brazos como si no tuvieran cuerpo es cosa que apuntaron Paquiro y Chiclanero, pero que puso en solfa y perfeccionó Belmonte. Y eso no podrá ser de otra manera jamás de los jamases, que diría el castizo.

También es cierto que, desde el punto de vista de un carácter recio como el de Juan, Gallito le hizo la gran trampa de ganarle la partida, colándose en la gloria de la tauromaquia con sutileza arcangélica por la rendija castellano-manchega de Talavera. La muerte tiene en los países mediterráneos una enorme carga literaria, pero a Joselito le hizo una mala pasada. Porque, dado que ya estaba cogiéndole el aire al concepto del toreo que trajo el trianero, es muy probable, más bien seguro, que su gran sabiduría, prestancia, facultades y grandeza torera habrían acabado haciendo suyas aquellas nuevas maneras. Y la historia del toreo se hubiera escrito probablemente, con Juan como el Precursor y José como el Mesías. ¡Quién sabe! Porque, abundo con Benlloch en que la muerte no es la perfección. Pero Joselito sí pudo serlo. En cualquier caso, para los grandes de verdad del toreo, la muerte nunca será el final…