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La revolera

Por Paco Mora
Por Paco Mora

Hasta la vista, Antonio

Otro amigo que se me ha marchado al país de irás y no volverás. Mi agenda tiene ya más cruces que el madrileño cementerio de la Almudena. Esta vez ha sido Antoñito Domínguez Olano...

Otro amigo que se me ha marchado al país de irás y no volverás. Mi agenda tiene ya más cruces que el madrileño cementerio de la Almudena. Esta vez ha sido Antoñito Domínguez Olano, un tipo especial con ideas y creencias arraigadas. De los que ya quedan pocos. Los demócratas de nuevo cuño no lo trataron muy bien que digamos. Sobre todo los de la profesión. No se quiso adscribir nunca a la masa excluyente y gritona. Decía que no podía estar con ellos por una simple razón de estética. Le hicieron el boicot profesional con una gran crueldad. Le encargué algunos trabajos cuando dirigí Interviú y ello fue muy mal visto por los giliprogres. Mejor que se muriera de hambre.

Pero lo cierto es que fue un magnífico periodista, y si nunca cerré la puerta a los que estaban en las antípodas con respecto a mis ideas, ¿por qué se las iba a cerrar a un alma sin hiel como era Antonio? Aunque es cierto que a veces era imprudente, al expresar en voz alta sus opiniones, negándose al disimulo. No obstante, como ya se ha dicho aquí, no solo era amigo personal de Fidel Castro sino que fue el artífice de la visita de Che Guevara a Madrid, junto con el célebre comandante Cortina, retirado ya con el grado de coronel, sin alcanzar el generalato por aquello de las purgas ideológicas, aunque de su significación en el 23-F fue absuelto por falta de pruebas.

Solo Jesús Gil le echó una mano y le dio trabajo a Antonio D. Olano. Esa es la verdad. Siempre recordaré su humanidad y su intermitente parpadeo cuando se emocionaba por cualquiera de esas cosas ante las que los demás volvemos cobardemente la cara.

Descanse en paz un buen periodista y un leal y cordialísimo amigo. Hasta la vista, Antonio…

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