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La Revolera

La gracia de Dios

Señor profesor, la hora. Y Juan Serrano “Finito de Córdoba”, catedrático del arte de la tauromaquia, entra en el aula de la calle de Xàtiva de Valencia y se dispone a dar su lección magistral. Son las cinco en...

Señor profesor, la hora. Y Juan Serrano “Finito de Córdoba”, catedrático del arte de la tauromaquia, entra en el aula de la calle de Xàtiva de Valencia y se dispone a dar su lección magistral. Son las cinco en punto de la tarde. La hora lorquiana. Miren ustedes; así se hace el paseíllo, así se balancean los brazos con el capote en los lances de recibo, así se mueve uno por la plaza en el primer tercio y así hay que colocarse frente al toro. En la rectitud de la testuz entre los dos pitones, con la muleta ligeramente retrasada dejando que el burel se encele con el cuerpo, junco flexible y armónico que acompasa el recorrido de la muleta en cada pase. Pases que para ser bellos además de técnicamente perfectos tienen que llevar incorporados el donaire, la cadencia y el temple en su alada musicalidad. Y la gracia de la torería, con la que se nace o no se tiene, en el suave y despacioso discurrir de los flecos de la muleta arrastrando por la arena. Y así se anda por el ruedo, sin un rictus, relajado, sin estridencias fuera de lugar, en un compendio de elegancia y torería. Nada de espadazos al aire, nada de brazos levantados como si de bailar la jota se tratara. Ni un movimiento brusco. Todo medido pero sin medirlo. Brotado del corazón. Queridos alumnos, si un día conseguís todo eso, estaréis poseídos por la gracia de Dios.

Querido Juan, no te quites el traje de luces mientras sigas con la disposición con que has impartido tu lección magistral de hoy en la Plaza de Toros de Valencia. Eres el último de Filipinas. Y como aquellos héroes del fuerte de Baler, que nadie te convenza de que la guerra ha terminado, sigue resistiendo, porque si tú te vas, ¿quién les va a enseñar a las nuevas generaciones lo que es la torería? A mí me has restaurado esta tarde el amor a la Fiesta Brava, angustiado y harto como estaba de tanto salto, respingo y vulgaridad. ¡Viva la Fiesta Nacional!