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La revolera

Siete naturales y un usía chungo

¿Qué opinión merecería un árbitro de fútbol que pitara un gol sabiendo que no lo era porque un sector de público gritara “goool…” y los dos linieres se quedaran con la banderita levantada mirándole hasta que soplara al pito?

Pues simplemente diríamos que no vale para ejercer la función de árbitro y no volvería a salir de vestido de corto a un campo de futbol. Bueno, pues en los toros todo vale. En Villarrobledo, esta tarde, un presidente sacó el pañuelo al doblar el quinto toro y levantó el dedo índice señalando que la faena merecía una sola oreja, pero como los mulilleros permanecieron inertes mirando al palco de hito en hito, sin enganchar el toro para el arrastre, le echaron el público encima que continuó agitando pañuelos hasta que el usía, evidentemente irritado, concedió el segundo despojo auricular con un trapazo, elevando después los brazos al cielo como diciendo ahí la tenéis, a ver si así arrastráis al toro de una vez. Todo un espectáculo demostrativo de que el toreo necesita su Concilio Vaticano II de arriba abajo. Esto hay que ponerlo en orden y en valor o va a acabar como el rosario de la aurora.

Menos mal que una buena corrida de Sonia González (hija del gran Dámaso) con movilidad y alguno con mucha clase, y siete naturales de David Mora (7), los mejores que he visto en lo que llevamos de temporada, largos, profundos y despaciosos hasta límites de cámara lenta y con una naturalidad vertical en el torero que reclamaban el cincel de un escultor, nos han hecho olvidar la anécdota presidencial. Aunque ya son demasiadas las anécdotas presidenciales y alguien debería comenzar a tomar nota.