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TAL DÍA ESTA SEMANA

Momento de la fatal cogida.
Momento de la fatal cogida.

'Cuchareto' sega la vida de José Falcón en Barcelona

lunes 16 de agosto de 2010, 01:25h

Ocurrió el 11 de agosto de 1974. Aquel día, el portugués José Falcón era herido mortalmente por un toro de la divisa de Hoyo de la Gitana. El diestro, que había contraído matrimonio el invierno anterior, no llegó a ver nacer a su hija y, con su sangre, engrandenció aún más la Fiesta no sólo en la Monumental catalana, sino en todo el orbe taurino.

José Falcón.
José Falcón.

Nacido en el mes de agosto de treinta años antes, junto a la localidad lusa de Vila Franca de Xira, obtuvo resonantes éxitos como novillero y tomó la alternativa en Badajoz, de manos de Paco Camino y en presencia de Francisco Rivera "Paquirri" el 23 de junio de 1968. Ejemplo de torero valiente y honesto, Falcón fue muy castigado por los toros y poco amparado por las empresas. La crónica que publicó el diario ABC del trágico festejo en Barcelona, dice: "Eran las siete menos diez de la tarde de este domingo 11 de agosto cuando el toro 'Cuchareto', negro, marcado con el número 12, de 506 kilos de peso y perteneciente a la vacada de Hoyo de la Gitana, asestaba el golpe terrible en las carnes del diestro portugués José Falcón".

"El fatal desenlace -continúa- ocurrió unas horas después, exactamente a las once y diez minutos de la noche. Pero puede decirse que aquella primera hora es la que marcó el terrible drama, porque José Falcón salió muerto del tremendo hachazo. Sobre la arena un gran charco de sangre, salido en impresionante surtidor de la pierna del torero, señalaba el lugar exacto de la caída, junto al tendido 8".

Aquel día compartía cartel con los diestros Manolo Cortés y Paco Bautista y el rejoneador Álvaro Domecq Romero. 'Cuchareto', primero de su lote, no se prestó al lucimiento, y le dio la terrible cornada cuando toreaba al natural. El toro rompió la femoral del torero, que era recogido junto a las asistencias por Bautista y Domecq: "Álvaro, al percatarse de la gravedad de la herida, metió su mano en la brecha abierta en el muslo, procurando contener aquella hemorragia que se estaba llevando la vida de un hombre. Y a pesar de ello, todo el camino hacia la enfermería quedó jalonado por coágulos de sangre que se iban desprendiendo del muslo herido. Gracias Álvaro, muchas gracias, le dijo Falcón al rejoneador cuando depositaron su cuerpo sobre la mesa de operaciones. Después, dirigiéndose hacia el doctor Olivé, que se aprestaba ya a intervenirle, el herido le pidió: Doctor, duérmame. Y se durmió para siempre, porque en ese punto Falcón perdió el conocimiento que ya jamás recuperaría".