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La Revolera

Mi gozo en un pozo

Ni me embarga Hacienda ni me embarga la emoción. Hacienda porque me falta el dinero y la emoción porque me falta el toro. Si les seguimos dejando hacer van a acabar colocándonos...

Ni me embarga Hacienda ni me embarga la emoción. Hacienda porque me falta el dinero y la emoción porque me falta el toro. Si les seguimos dejando hacer van a acabar colocándonos el toro de mazapán con los cuernos hinchables. Claro que los toreros no tienen la culpa, dicen los ingenuos. ¡Cómo que no! Será que no hay por ahí corridas de toros para medirse en un mano a mano con competencia de verdad. Y no estoy pensando en el buey Apis ni el mastodonte ni en el toro prehistórico.

No se trata de que los toreros sufran, simplemente de que hagan honor a su condición de matadores de toros y los que pueden exijan toros bravos, encastados y fuertes correspondiendo así a la admiración y al respeto que tenemos los aficionados por todo hombre que se viste de luces. Bastaría con una corrida de Fuente Ymbro o de Alcurrucén, que no son la fiera corrupia sino toros con garantía de bravura y casta. Una corrida con vida y movilidad. De seguir así, el público acabará cansándose y volviéndole la espalda más todavía a la Fiesta. El engaño sienta muy mal.

Lástima grande que dos torerazos como Perera y Castella se hayan prestado a un simulacro como al que ha tenido por escenario esta tarde la plaza de la calle de Xàtiva. Los zalduendos han dado de sí lo que se esperaba. Al fin y al cabo el ganadero los cría para que les gusten a las figuras, porque si no no los vende. Seis toros bien presentados pero bobitos, sin alma, más huecos y más dulces que la caña de azúcar. Y así ni toreo, ni competencia, ni emoción ni alegría ni diversión. Corrida ideal para un concurso de bostezos. ¡Hasta cuándo abusarás Catilina de nuestra paciencia!, que decía el latino. Terminó la corrida de la decepción y el público fuese y no hubo nada. ¡Qué bueno es el público de Valencia!