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Por Carlos Ruiz Villasuso
Por Carlos Ruiz Villasuso

Pablo y el cine

Hoy hay muy buenos rejoneadores, alguno ex­ce­lente, pero todo nace en Hermoso de Men­doza, una figura del toreo de todos los tiempos...
Hoy hay muy buenos rejoneadores, alguno ex­ce­lente, pero todo nace en Hermoso de Men­doza. Y nace mucho antes que Cagancho, porque el toreo a dos pistas que se trajo de Portugal, ya lo hacía con el primer Albaycín. Lo de Cagancho, caballo llamado para el desahucio, fue un acto de fe de Pablo. Los actos de fe pueden ser el principio de una historia.

Una sustitución, en Zaragoza, y televisada por TVE, le metió en todos los hogares españoles. Ese día el público de todo el mundo supo que el rejoneo había cambiado, que el temple era posible, que reunir a toro, caballo y hombre en poco espacio y despacio, era posible. Que eso de voy para irme, se había terminado.

En 25 años el rejoneo ha to­ma­do rumbos tales que Hermoso, lejos de ser una figura del rejoneo, es una figura del toreo de todos los tiempos, en todas las plazas, en todos los países. Rey en España y jefe de estado en México, en donde ha sido amo, señor, sostenedor de taquillas. Sí, figura del toreo. Pocos de coleta habrán cobrado lo que Pablo en Pamplona o en Bilbao o en la México.

Vivimos hoy un rejoneo de cine. No sé muy bien hacia dónde va su evolución, pero su presente es de película. El menos dotado de los rejoneadores de hoy llamaría la atención hace 30 o 40 años. Pero esta sala de cine en la que vemos esos caballos bellos y hermosos, se la sacó de su chistera un tal Hermoso.