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El Palco

Por Rafael Comino Delgado
Por Rafael Comino Delgado

Respeto y gloria a Padilla

Como cada vez que se viste de torero (no importa la categoría de la plaza), y como siempre salió triunfante aunque, a los que lo vimos, nos puso al borde del infarto. El Ciclón de Jerez, un modelo como torero y como hombre. ¡Respeto y gloria para un gran hombre y un gran torero!

Imposible más entrega, más honradez profesional y más vergüenza torera que las mostradas, ayer en Sevilla, por Juan José Padilla, también conocido como El Ciclón de Jerez, grande entre los grandes. Como cada vez que se viste de torero (no importa la categoría de la plaza), y como siempre salió triunfante aunque, a los que lo vimos, nos puso al borde del infarto.

Fue gran figura en el circuito de las corridas duras hasta la gravísima cornada de Zaragoza, donde no perdió la vida gracias a la Pilarica, a San Martín de Porres y al mismísimo Dios, que aquella tarde hubieron de intervenir (a través de los médicos) para salvarle la vida. Aunque se presumía un larguísimo periodo de recuperación, a los cino meses reapareció en Olivenza, en un cartel de lujo, y desde entonces empresarios y compañeros empezaron a permitirle entrar en carteles de figuras, en los que sale a triunfo por tarde. Ahora podemos decir que Juan José Padilla fue figura con las duras y lo es con las otras.

Se suele decir que quien fue figura en una época lo sería en cualquier otra, afirmación que no comparto. Eso ocurriría en algunos casos pero no en todos. Cuando cambian los públicos y las circunstancias sociales, todo cambia, y puede ser que una figura lo sea en unas circunstancias pero no en otras. Hoy día hay toreros que son figuras en Francia pero no en España y viceversa, o lo son en Méjico pero no en España y viceversa. Viene esto a colación porque de Padilla, sí pienso que hubiera sido gran figura en tiempos de Pedro Romero, de Paquiro, de Guerrita, de Joselito, de Ordóñez y ahora.

Puede con todo tipo de toros, siempre da espectáculo, se entrega al máximo, no regatea esfuerzos con el bueno, con el regular y con el malo, en todas las plazas, sean de primera o de tercera. Padilla significa entrega, espectáculo, emoción, honradez profesional y triunfo. Por ello cuando ocurrió el gravísimo percance millones de personas en España, y en todo el orbe taurino, lloraron y rezaron para que Juan José salvara su vida. Todo esto lo vino haciendo en condiciones normales, con el gran riesgo que conlleva torear y más aún las duras, hasta lo de Zaragoza, pero a partir de entonces ha tenido que superar mil y una adversidades, que dificultarían, a otra persona, cualquier actividad de menos riesgo que el toreo.

Algunos otros toreros perdieron un ojo en la profesión (Juan José, Lucio Sandín, Javier Vázquez, etc.) y después de ello sus carreras prácticamente terminaron, porque torear con un sólo ojo es muy complicado. A esa dificultad hemos de añadir los terribles sufrimientos que ha venido padeciendo desde la tremenda cogida, con fuertes dolores en cara, cabeza, ruidos insoportables en oído izquierdo, sin poder descansar por las noches, y así, una tarde y otra poniéndose delante de dos toros. Entre tanto padecimiento se ha debido someter a innumerables intervenciones quirúrgicas, a veces en plena temporada, aprovechando unos cuantos días sin torear, que han sido pocos.

Nada de eso le ha frenado, sigue adelante sobreponiéndose a todo y triunfando cada vez que se viste de torero. No hay caso en la historia del toreo, o al menos yo no lo conozco, que haya sido capaz de sobreponerse a tanta adversidad y siempre salir triunfante. Hace falta, para lograr lo que él ha logrado, tener inmensa fortaleza física y, sobre todo, mental. Él siempre dice, con sinceridad, que le valoren por lo que hace en la plaza pero que nadie le tenga lástima, lo cual da idea de su grandeza de espíritu. Para mí es un héroe, un ejemplo de hombre íntegro, cabal, de lucha, de superación. Cuando alguien esté agobiado por sus adversidades que piense en Padilla; ello le dará fuerza para continuar luchando y jamás darse por vencido.

Pasaran años, lustros, décadas, siglos y el nombre de Juan José Padilla estará escrito en la historia de la Tauromaquia y en la memoria de aficionados y no aficionados con letras de oro y allí donde se hable de él se tendrá que hacer con gran respeto y admiración, porque ha sido, es y será uno de los grandes como torero y como hombre. Allá en el olimpo de los más grandes toreros habrá un sillón reservado para el maestro Padilla, El Ciclón de Jerez, un modelo como torero y como hombre. ¡Respeto y gloria para un gran hombre y un gran torero!

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