La revolera

Tarde de rompe y rasga

Paco Mora
lunes 25 de mayo de 2015

Espada ha dado esta tarde en Las Ventas un ejemplo de pundonor y de lo que hay que tener para picar alto en la profesión de lidiar y matar toros bravos. Se ha quedado solo con seis novillos-toros, más de lo segundo que de lo primero, y ha resuelto la tarde sin que se le haya arrugado el ombligo ni un instante.
Con nombre de emperador austrohúngaro y corazón de león, el novillero Espada ha dado esta tarde en Las Ventas un ejemplo de pundonor y de lo que hay que tener para picar alto en la profesión de lidiar y matar toros bravos. Se ha quedado solo con seis novillos-toros, más de lo segundo que de lo primero, y ha resuelto la tarde sin que se le haya arrugado el ombligo ni un instante.

Con más acierto con su parienta -la espada- habría resuelto la tarde con cuatro orejas. Sólo ha paseado una en el cuarto del encierro, pero en esta ocasión, la escasa proclividad del “usía” a dejarse ganar por el lógico sentimentalismo del público, en vez de perjudicarle le ha favorecido, porque todo lo que ha hecho a lo largo de lo que el azahar convirtió en encerrona, ha adquirido un mérito serio y macizo, alejado de cualquier trato de favor.

La crónica la tienen ustedes aquí al lado pormenorizada, y con el acierto que Íñigo Crespo le imprime a todo lo que escribe sobre esta hermosa y a veces cruel Fiesta. Pero uno no puede dejar de sentirse orgulloso como aficionado, de la actitud de varios coletudos en este San Isidro de 2015. Y estoy pensando, además de en este joven y prometedor Francisco José Espada, también en Jiménez Fortes, López Simón, Miguel Abellán, Gonzalo Caballero, Posada de Maravillas y algunos otros que con su actitud de entrega honran a la Fiesta más nacional de todas nuestras fiestas. Fiesta que gracias a hombres como ellos sigue viva y muy viva.

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