La revolera

¿Ha llegado el Mesías?

Paco Mora
jueves 17 de septiembre de 2015

Lo de López Simón es un suceso, algo sublime que pone un nudo de emoción en las gargantas, un sentimiento a flor de piel. Una conmoción, como hacía muchos años que no producía un torero. Y no exagero.

El Mesías en hebreo quiere decir “el esperado”. ¿Ha llegado con López Simón el Mesías que la Fiesta está necesitando hace mucho tiempo para su redención? A juzgar por la corriente telúrica que este torero establece con los tendidos y que provoca un auténtico estallido, parece que sí. Hoy, la plaza de Albacete ha experimentado una ciclogénesis emocional fuera de lo normal en el segundo toro de la tarde, primero del lote del torero de Barajas. Los espectadores en pie gritando como una sola voz “¡torero! ¡torero! ¡torero!”, mientras López Simón desgranaba su tauromaquia impasible pero armónica y repleta de la belleza natural de lo auténtico, como bordada en seda natural, eran como una feligresía rendida al arte y el valor del joven torero con un fervor cuasi religioso.

El madrileño, firme, hierático e impasible como un samurai vestido de luces, ha ido desgranando su concepto del toreo con una entrega de oficiante persuadido de que su futuro está en manos del destino y a él solo le toca ponerse en el sitio que no se pone nadie, y dejar brotar el sentimiento del toreo que lleva en lo más recóndito de su alma. Transfigurado, sin facultades –sólo hace siete días que un toro le partió un muslo de la rodilla a la ingle- ha puesto su vida en juego sin un gesto, sin una mueca de dolor ni siquiera un parpadeo. El público, electrizado y en actitud de suprema admiración tras la estocada entregando el alma en el empeño, exigió las dos orejas para el autor de aquel terremoto que había hecho temblar los cimientos de la plaza de la albaceteña Calle de la Feria. La presidencia sólo concedió una bajo la mayor bronca que uno recuerda, mientras el torero, o el samurai de seda y oro –si ustedes lo prefieren- daba dos vueltas al ruedo en auténtico olor de multitudes. La bronca al palco presidencial se reprodujo después de la apoteosis final.

Más tarde El Juli, poderoso, inspirado y capitán general del toreo actual, paseó el mismo anillo con las orejas y el rabo – trofeos simbólicos- del toro “Cortesano” de Daniel Ruiz indultado por el de Velilla de San Antonio, y José Garrido volvió a pasear otro trofeo del último de la tarde, ya había cortado otra a su primero como López Simón cortó también una a su segundo. Broche de oro de una Feria con muchas cosas para el recuerdo.

Pero lo de López Simón es otra cosa. Es un suceso, algo sublime que pone un nudo de emoción en las gargantas, un sentimiento a flor de piel. Una conmoción, como hacía muchos años que no producía un torero en los tendidos. Y no exagero. Pongo por testigos a los casi diez mil espectadores que presenciaron el hecho, a ver si alguno había visto nunca estallar la Plaza de Toros de Albacete como en la última corrida de la Feria de 2015 ha estallado con López Simón. ¿Será el Mesías esperado? ¡Será si sigue siendo como es y sintiendo el toreo como lo siente!

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